La fotografía y la publicidad en España del siglo XX tienen un nombre que trasciende la técnica y se instala en la memoria colectiva: Leopoldo Pomés Campello. Nacido en Barcelona en 1931, Pomés no solo fue un fotógrafo extraordinario; fue un creador multidisciplinar, un renovador de la fotografía visual y publicitaria, un empresario, poeta, escritor, cineasta y, por encima de todo, un artista cuya mirada supo captar la esencia de un país en transformación. Su obra, que aportó sensualidad y modernidad a la gris España del franquismo, es ahora conservada y difundida por instituciones como la Fundación Photographic Social Vision, que representa su archivo junto a su familia.
Los orígenes de un creador autodidacta
Pomés era esencialmente un autodidacta. Aunque no siguió la ruta convencional de estudios formales en fotografía, desde muy joven sintió una fascinación intensa por la imagen y la luz. Esta pasión lo condujo a explorar la fotografía por su propia cuenta, lejos de las escuelas tradicionales del medio, lo que dio lugar a una mirada libre, intuitiva y muy personal.
Su primera exposición, celebrada en 1955 en las Galerías Layetanas de Barcelona, supuso una revelación en el panorama artístico del país. Las fotografías que presentó, especialmente una serie de retratos, sorprendieron por su técnica y por la forma en que capturaban la realidad desde una perspectiva distinta. En aquel tiempo, Barcelona era un hervidero creativo, y Pomés se integró en los movimientos de vanguardia, estrechando lazos con artistas del grupo Dau al Set, entre ellos Joan Brossa y Antoni Tàpies, quienes incluso posaron para su cámara.
Este temprano reconocimiento por parte de los círculos artísticos no solo validó su talento, sino que también lo colocó en el mapa de la fotografía española. Su obra se hizo conocer a nivel nacional con su participación en el Anuario de la Fotografía Española de 1958 publicado por AFAL, que reunía a fotógrafos de vanguardia en el país.
Una trayectoria que rompió moldes
Más que fotógrafo, Pomés fue un creador integral. Su carrera tomó un giro hacia la publicidad en 1961, cuando fundó junto a su pareja, Karin Leiz, el influyente Studio Pomés. A partir de ese momento, la fotografía dejó de ser únicamente un ejercicio de capturar el mundo; se convirtió en una herramienta de comunicación visual para transformar marcas, productos y emociones.
Poco después, en 1963, Pomés se incorporó como director creativo a la agencia de publicidad Tiempo, desde donde desarrolló una carrera imparable en publicidad audiovisual. Fue responsable de más de 3.000 anuncios publicitarios y cerca de 40 documentales, obteniendo numerosos reconocimientos internacionales, incluidos premios en la Bienal de Venecia y el Festival de Cannes.
Iconos publicitarios que marcaron una época
Pomés no solo revolucionó la técnica fotográfica en España: también redefinió la imagen pública del país a través de campañas icónicas. Entre sus trabajos más recordados están:
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Las burbujas de Freixenet: una creación que no solo convirtió a la marca de cava en un referente visual, sino que también marcó las navidades españolas durante décadas.
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La campaña del Brandy Terry, con la imagen de una mujer cabalgando un caballo blanco, que el escritor Manuel Vázquez Montalbán describió como responsable de haber “erotizado a España” en los años sesenta y setenta.
Estas campañas, cargadas de estética, elegancia y sensualidad, lograron que el público español empezara a contemplar la publicidad no solo como un medio comercial, sino como un espacio artístico. Esta fusión entre creatividad visual y comunicación eficaz es una de las grandes aportaciones de Pomés.
Mirada artística más allá de la publicidad
Aunque su trabajo en publicidad fue enorme, la fotografía artística siguió siendo el núcleo de su creación. Tras décadas de éxito en el mundo publicitario, en 2006 Pomés decidió retirarse de la publicidad para sumergirse en la revisión de su archivo fotográfico. Quería rescatar, como él mismo decía, aquello que había estado “durmiendo” durante años, y que ahora podía volver a encontrar vida y sentido.
Este archivo, ahora representado por la Fundación Photographic Social Vision, abarca décadas de imágenes que documentan un mundo en transición, desde la Barcelona de posguerra hasta la vida cultural, urbana y humana de España en la segunda mitad del siglo XX. Allí se encuentran fotografías de calles, personas, interiores y escenas cotidianas que revelan la aguda sensibilidad de Pomés para captar la vida.
El legado de una mirada única
El trabajo fotográfico de Pomés no se limita a la técnica o al mensaje publicitario. Su firma es una síntesis de sensibilidad, deseo, estética y narrativa visual. Él mismo afirmaba que “lo más importante en mi vida ha sido mirar”, una declaración que resume su filosofía creativa. Su obra, lejos de conformarse con reproducir la realidad, la interpretó con elegancia y complejidad, con una atención a la luz, la forma y la emoción que solo un gran artista puede ofrecer.
Su legado se encuentra no solo en millones de fotografías y campañas publicitarias, sino también en la influencia que ejerció sobre generaciones de fotógrafos, publicistas y creadores visuales en España y más allá.
Reconocimientos, exposiciones y publicaciones
A lo largo de su extensa carrera, Pomés recibió numerosos premios y condecoraciones. Entre ellos destacan:
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Premio Nacional de Fotografía de España (2018), otorgado en reconocimiento a su trayectoria y contribución a la imagen visual del país.
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Cruz de Sant Jordi, concedida por la Generalitat de Cataluña.
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Medalla de Oro al Mérito Artístico otorgada por el Ayuntamiento de Barcelona.
Además, su obra ha sido objeto de importantes exposiciones individuales y colectivas, y se encuentra presente en colecciones de instituciones culturales de renombre, como el Museo Reina Sofía en Madrid, el MNAC y el MACBA en Barcelona, así como centros internacionales.
Pomés también fue autor de numerosos libros, entre los que destacan “Imágenes 1955-1997”, “Blancas, grises y negras”, y textos sobre gastronomía como “Comer es una fiesta”. Su versatilidad como escritor y creador demuestra nuevamente su capacidad para conectar con el mundo más allá de la imagen fotográfica.
El hombre detrás de la cámara
Leopoldo Pomés fue mucho más que un fotógrafo o publicista. Era un conversador curioso, un amante de la vida, la buena mesa, la poesía y el cine. Sus imágenes reflejan una profunda empatía por los sujetos y la realidad que capturaba, con una mezcla de sensibilidad y audacia.
La prensa cultural describió su trabajo como una invitación a amar la vida, a celebrar la belleza en todas sus formas y a comprender la importancia del placer visual. Su mirada fue hedonista, sí, pero también profundamente humana: encontró en la luz y en la sombra una forma de narrar historias, emociones y tiempos históricos.
Conclusión
Leopoldo Pomés no fue solo un fotógrafo: fue un visionario de la imagen, un creador que supo transformar la fotografía en una forma de arte y la publicidad en una expresión estética. Su mirada decidió romper con las convenciones, explorar el deseo, celebrar la vida y construir un corpus de obra que sigue inspirando a artistas y espectadores de todo el mundo.
El archivo que conserva su obra, hoy en manos de la Fundación Photographic Social Vision, es testimonio de una carrera apasionante, rica en matices y profundamente española en su esencia, pero universal en su proyección y significado.
Leopoldo Pomés supo mirar el mundo con ojos nuevos y enseñó a quienes vinieron después que la imagen es, siempre y ante todo, una forma de pensar, sentir y vivir.

